Siempre les cuento esto a los urbanos... o ruedas flacas, como les digo yo.
Rodar en el bosque es distinto a cuarquier experiencia ciclista que se tenga. Ni una adrenalínica escaramuza klandestina por las calles ni una bajada infernal por una ladera pelada y empinada pueden conseguir la extraña y narcotizante sensación que generalmente producen los retorcidos túneles arboreos . Cuando la experiencia se repite puedes llegar a ser dependiente de este estado entre nevuloso y subliminal. Quizas los aromas de la selva Valdiviana, llena de líquenes y hongos acompañados del esfuerzo físico ejerzan una especie de trance primitivo y ancestral, .. como en nuestros antepasados.
Cuando era un revelde y joven rocanrollero alucinaba leyendo los clásicos del viejo y loco Hermann Hesse, fue ahí cuando encontré uno de sus libros "menos leido". Una alegoría a las sensasiones minimalistas y personales llamado "Damián". En él encontramos tonterias tan comunes como distraerse mirando el fuego o jugar a ritos inmaculados a base del alcohol. Pero un pasaje especialmente "afiebrado" trataba de los sueños.. nuestra única conexión al ultra pasado. Hesse sostenía que todos los milenios y milenios de evolución no podían tirarse al tacho de la basura, que en cada individuo corrian por cada una de sus células información e historia de cada uno de esos tiempos, que en nuestras mentes el pasado podía hacerse presente tan solo con un estímulo.
Cuando él soñaba, generalmente volaba y le era muy difisil mantener el control, hasta que encontró una fórmula especial, cada vez que inspiraba y llenaba sus pulmones, el subía , ascendia levemente, y para lo contrario solo devía exhalar. Los peces usan el mismo método para nadar y subir a la superficie, razón que argumentaba Hesse para conectarse a su pasado anfibio y ancestral .
Mas adelante siguío con su extraña teoría, la que lo llevó al clasico "El Lobo Estepario", donde señala que todos somos medio animales-hombres. Bueno , yo no iré tan atras en la escala evoltutiva.
Es domingo, mi salida religiosa. Estoy nervioso, sudo y tirito antes de salir siquiera. Las primeras pedaladas son dentro de la ciudad, las trato de hacer velozmente para lirebarme luego de ella. Consigo llegar a mi paraiso rapido. Subo por unos senderos encondidos y ya me encuentro en mi hábitat, los troncos anchos y desordenados no dejan en nigún momento trazar una linea recta, las raices y piedras sortean una especie de montaña rusa entretenida y absorvente. Mis fosas nasales se dilatan y mi cuerpo adopta la posición mas "comoda" sobre mi bicicleta.. estoy agachado, muy agachado dándole a los pedales, mis piernas "traseras" patean y se flectan mientras mis manos "delanteras" hacen pequeños movientos para aferrarme bien del manillar. Mi velocidad es distinta, ya no estoy corriendo...
Si, ahora estoy trotando en cuatro patas.


Mariesol